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04 octubre 2007

Escapadita a El Escorial (de nuevo)




Realmente se echaba de menos. Su tranquilidad, su solemnidad de noche, sus motoristas eternamente enfadados con nosotros, incluso el frío que se sufre nada más ponerse el sol; todo ello se echaba de menos. Y es que dos años sin pisar aquella zona hace que la eches de menos.

Con motivo del cumpleaños de un amigo, y predeciendo cantidades absurdas de alcohol, un grupo de amigos nos fuimos al gran Camping del Escorial, un sitio al que presumo nunca nos cansaremos de ir, pues nos da lo que necesitamos. Fuimos este fin de semana pasada, justo cuando el otoño daba su primera bofetada de temperaturas bajas. No había demasiada gente, pero tampoco nos importaba; incluso mejor, menos colas en las duchas, más posibilidades de hacer ruidos, el poder mear sin atravesar medio camping,...

Hubo borracheras controladas, conversaciones de ultratumba, admiración por nuestros idolatrados pacific blue (que, ojito, ahora van en carricoche de golf), ingestas absurdas de cerveza en el bar, partidas cardiacas al ping pong y al futbolín, y sobre todo desconexión, mucha desconexión. Y lo mejor, el regusto de saber que todo aquello seguía tal y como la otra vez; cambian las compañías, cambian los climas, cambian todo, pero aquello sigue y transmite igual que el primer día.

Como colofón final os adjunto una frase lapidaria de las mías, escupida por la noche, poco después de introducirme en el saco de dormir, de ésas que dices en el fragor de una borrachera, o simplemente porque el frío, o la edad, o ambos atrofian tus neuronas. He aquí la joyita:

"La vida es del color que a mí me sale de las pelotas"