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19 mayo 2009

Vidas en Sueño - 48 (Invisible)





Eran las seis de la tarde de un día caluroso. El cielo estaba cerrado con nubes grises, y yo tenía ganas de reventar todo a mi paso con tormentas de mil rayos infernales, destructivos, nucleares. Salí de la oficina con el rostro seboso de Ramírez -mi jefe- danzando entre mis sesos como una rata inquieta, mordisqueándolos. Todos los que pasaban por mi lado eran Ramírez, con la misma cara de guisante y ojos de cuervo. "Joder Mateo, menuda mierda de informe", "Mateo, el teléfono", "Mateo, deberías dejar de fumar", "Mateo, a ver si cambias de vestuario", "Mateo, este fin de semana no hagas planes que tenemos curro", iban susurrándome al oído. Voces por aquí y por allá, con el mismo tono chillón y patético que el que empleaba mi jefe. Sentía a los perros reírse, a los niños mofarse, a los motoristas menospreciarme. No aguanté más. Arrojé el maletín al suelo. Tensé los brazos y cerré las manos en puño como si luchara contra el mismo Universo y grité hasta sentir mi garganta arder. Me cagué en todo lo que se me iba ocurriendo. Blasfemé contra todos los dioses existentes. Mi cabeza iba a explotar; mis sienes se bamboleaban como bolas de acero incandescentes contra las paredes del cráneo.

Cuando devolví mis ojos a la realidad, frente a mí se había formado un corrillo de gente, estupefacta. Sentí el brillo del flash de una cámara. Sólo se escuchaban cuchicheos. Olía a sudor. Sentía los labios como cartón. Recogí mi maletín y la dignidad. Al erguirme de nuevo, el mundo comenzaba a rodar con la misma rutina. Nadie me observaba, salvo un vagabundo de barba salvaje, parapetado tras unas cajas de cartón con publicidad de pañales.

-Si te dieran un poder, ¿cuál elegirías?- me preguntó con voz adulterada por la borrachera.

Escruté a aquel tipo, sin estupor, con mucho cansancio. Me pidió un cigarrillo. Le di uno y yo me llevé otro a mis labios. Exhalé una profunda calada, y enfocando el afluyente de cabezas y humo, imaginando picardías posibles, y ligeramente excitado, le contesté.

-Ser invisible, sin duda alguna. Desaparecer de este mundo de basura.

El vagabundo arrojó sobre mí una carcajada cubierta de un fétido aliento. Me sentí envuelto por aquella bruma, que olía a huevo podrido, a pescado en descomposición. Tuve que contener el vómito con mis manos sobre la boca. Su cuerpo era puro flan. Observé mi reflejo a través de la cristalera, tras el vagabundo. Ahí estaba, estacado, siendo empujado por miles de personas sin rostro, que pasaban sin delicadeza; no tenían vehemencia. Me sentí ridículo, con ganas de llorar. Sin embargo reí con amplia carcajada; el vagabundo se contagió de mi estado, y reímos a coro. No sé cuánto tiempo estuve ahí parado, zarandeado por todos, y escuchando a mi otro yo reírse a través del cristal. Decidí irme. No me despedí de aquel individuo, convencido en que aquel episodio pasaría a engrosar mi biblioteca de grandes gilipolleces autobiográficas. Reemprendí el camino. Lloraba en silencio.

Crucé la calle por un paso de cebra. Olía a la pintura blanca que había en el asfalto. Observé de reojo como a escasos metros un autobús se dirigía hacia mí como un loco con camisa de fuerza contra las paredes de su celda. Su conductor no tocó el claxon, ni aminoró la marcha. Me eché a un lado lo mejor que pude. Sin embargo, el autobús no fue complaciente, e hizo impacto en mis piernas. Me lanzó por los aires, muchos metros hacia delante, y fui a parar fuera de la calzada, empotrado en un árbol. La electricidad recorría mi cuerpo, aún tenso.

Llevo dos días sin poder moverme. Creo que me he roto las piernas, o las caderas; o todo. La gente pasa a mi lado, y yo les grito, les suplico ayuda. He realizado llamadas con el móvil hasta agotar la batería, y nadie me escucha. Bebo del agua con que se riega el árbol. Me alimento de bichos, de basura, de colillas. Gracias a los ruidos de coches no escucho mis propios gritos de dolor.

Creo que no existo.

1 comentario:

Alba dijo...

Éstos vagabundos... siempre me han parecido seres misteriosos...

por cierto... acabas de recordarme una cosa.
Tienes que escuchar a Javi Osorio. Búscalo en youtube. También está Javi Osorio y los santos perversos. Es el mismo.