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03 noviembre 2009

Vidas en sueño - 52 (Caos a distancia)





Ruido de bocinas y de pasos desacompasados; ajetreo y bullicio… se escucha una detonación, repentina, como si hubiese sido un trueno.

A la altura del número siete de la calle Armonía yace sobre la acera el cadáver de un muchacho de pelo rizado y con pecas en sus mejillas. En su frente, hay dibujado un punto negro; está boca arriba, con la mirada perdida en algún punto indefinido del cielo encapotado de nubes negras, y rodeado de una capa viscosa de sangre, que avanza poco a poco hacia la alcantarilla. Se escuchan alaridos. Muchas personas se han escondido dentro de las tiendas, otros han huido dejando atrás sus maletines y bolsas con el logotipo de una tienda de ropa. Los coches que pasaban en ese momento por la zona han colisionado entre sí; de sus capós salen columnas de humo blanco. Corren desordenados, alguno tropieza y cae de bruces al suelo. Se empujan y zarandean entre sí. Caos.
Los gritos poco a poco dejan paso al silencio, los motores de los coches se han apagado, nadie corre, nadie respira, nadie aúlla. Calma. Pasan varios minutos, y sólo se escuchan las ramas agitarse con las ráfagas de viento. La sangre ya se filtra por el agujero de la alcantarilla.

Comienza a oírse un rumor de fondo, que de forma gradual es más intenso. De sus escondites van saliendo, de modo prudente, a pequeños pasos, como una procesión disciplinada; cercan el cuerpo inmóvil como si fuesen buitres y hienas. El rumor aumenta el volumen, silencia al viento. Una muchacha espigada y de pelo lacio se destaca entre la maraña de personas y se acerca al cadáver hasta rozarlo con sus zapatos. Rompe a llorar y grita. Se deja caer de rodillas, y del movimiento brusco se salpica la blusa blanca con la sangre. Agarra su mano y la aprieta contra su pecho. Grita su nombre, y niega a voces lo sucedido; grita su nombre otra vez, con más fuerza. Tiene el rostro congestionado y los ojos cerrados. Su grito trepa por las fachadas, entre las ramas de los plátanos de sombra. La mujer acaba desplomándose encima del cuerpo inerte. El corro que se ha creado alrededor de ellos se mantiene rígido, como un escuadrón de soldados: nadie se mueve, observan con el cuello rígido y los ojos muy abiertos la escena. Nadie de ellos parece reaccionar durante varios minutos. Todos procuran mantenerse a una distancia prudencial para no mancharse los zapatos con la sangre. La mujer continúa llorando desconsoladamente, apoyada su cabeza sobre el pecho del muchacho, golpeando con los puños sus hombros. Un par de tipos salen de su petrificación: levantan sus cabezas, y repasan con la vista ventanas de los edificios cercanos; también parece que miren por sus azoteas. Señalan con el dedo y asienten, como si fuesen un par de arquitectos intercambiando opiniones técnicas. Comienza a llover.

Las gotas de lluvia caen amortiguadas entre las hojas del árbol donde me encuentro subido. Una de ellas ha caído en la mirilla de mi rifle M-76, y se difumina la visión de conjunto que tengo de la escena. A unos cincuenta metros de ese lugar no tengo otro modo de observarlos. Huele a tierra mojada. El ritmo de goteo es cada vez mayor; ahora el agua de lluvia cae en chorros fríos, que se cuelan dentro de mi cazadora. Se empiezan a escuchar muchas sirenas; serán coches patrulla de policía, ambulancias, incluso algún camión de bomberos. Pienso que lo mejor será desaparecer de ahí. Ha muerto mi objetivo de un disparo limpio en la frente, por lo tanto mi trabajo está hecho. Despiezo el rifle con calma y coloco las piezas en una bolsa de deporte. Me aseguro que no hay nadie cerca del tronco del árbol donde estoy situado, y desciendo de él. Me alzo las solapas de la cazadora, y camino con ritmo tranquilo. Se escucha un alarido de mujer, y al rato, otra negación.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Las vacaciones le sientan bien a la madriguera, creo que vuelves renovado...
Sigo leyendo todas las sagas y a veces me encanta releer algunos antiguos.. tengo que decir que me encanta la evolución de este espacio.

RCP

Zorro dijo...

Echaba de menos esas siglas ;-))

¿Qué tal todo? Muchas gracias por tus palabras, siempre buenas, de verdad.

Un besazo!!

white dijo...

¡vaya, vaya con la francotiradora! así muere cualquiera.