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20 mayo 2008

Vidas en Sueño - 18 (Silencio de muñeco)




El espectáculo marchaba sobre ruedas, y él era el siguiente artista en subir al escenario. La suya era la función más esperada de la noche, y siendo consciente de ello, preparó el mejor guión posible; multitud de chistes, diálogo con ritmo, y cómo no, preparó metódicamente su voz. Susurró, gritó, intercaló sonidos agudos y graves, imitó voces. Sólo apreció un ligero picor en la zona de la nuez. De entre sus numerosos muñecos eligió a Pepe Piscinas, el pueblerino con boina y un sólo diente; el que más risas y aplausos había cosechado hasta el momento. Repasó una, dos, tres, y hasta ocho veces su número, enfrentándose al espejo como único censor. Todo tenía que salir perfecto.

El presentador del evento, un andaluz con salero - que buscaba también su momento de gloria -, le llamó a escena mediante un chiste de ventrílocuos. Se santigúó, y agarrando con firmeza a Pepe Piscinas, salió ante el público, bajo un mar de aplausos y focos. Agradeció la acogida con una sonrisa, y luego, metiéndose en el papel, asomó a Pepe Piscinas por su flanco derecho, comentando el calor que hacia en el teatro, y haciendo un chascarrillo acerca del avance de la tecnología del Aire Acondicionado. El público aplaudió con entusiasmo el primer envite.

Debido a la buena acogida que tuvo su entrada, el número salió con mucha más naturalidad de la prevista; eso le hizo ganar confianza. Improvisó algún chascarrillo, y forzó tonos de voz, haciendo más cómico a Pepe Piscinas. Sabía que estaba siendo aquél el mejor número que en su vida había concebido. Y en la cresta, cuando empezaba a sentir el placer que daba el éxito, algo falló; Pepe Piscinas enmudeció. Se escucharon risas de fondo, como si estuviera previsto en la actuación. Pero no era así. Su garganta había fallado, y la notaba apunto de estallar en mil pedazos. Buscó la técnica del susurro, intentó silbar, luchó por aquel silencio. Resignado y vencido, observó al muñeco, y se echó a llorar. El pabellón se apagó; no sabían si reír, aplaudir, o llorar junto a él.

Se olvidó del protocolo de emergencia para esos casos, se olvidó del público, y se olvidó de su muñeco, el cual, con sus ojos de madera, temblaba de terror: el silencio de su amo, irremediablemente, era su muerte.

8 comentarios:

Alba dijo...

Gracias por los ánimos pero parece ser que ayer también llovio sobre mojado. Hoy ha sido un día triste pero hay que aprender a llevarlo...
En fin. Gracias por tus comentarios.

Uuhh!!! texto nuevo... tengo que leerlo..!!!

Alba dijo...

Siempre tiene que passar algo que nos JODE los mejores momentos, chico... ¿¿Por qué?? Ni siquiera nuestro minuto de gloria puede ser maravilloso...

Zorro dijo...

De nada por los ánimos, para eso estamos, no Alba? jejeje. Y sí, siempre hay algo que nos jode el éxito jajaja.

Anónimo dijo...

pero la muerte quiza no es lo jodido en este personaje lo que jode es al público por que no se queda sin el espectaculo que omite sus propias vivencias

Anónimo dijo...

Me quedo con el punto medio entre la preparacion a conciencia del ventrilocuo y la espontaneidad que le dio la aceptacion del publico.
Me gusta ese equilibrio, pero tb me recuerda que pensar tanto puede ser fatal...

Me ha gustado mucho.

SOPD

Anónimo dijo...

Por cierto, entre tus pelis preferidas creo que te olvidas a Tango y Cash!!!!!

Abrazos

MuÑoNeS dijo...

Parece que la semana ha dado de sí. A ver para cuando el del gato que tienes en mente...

Ya puedes dormir :-P... Tu me entiendes

Zorro dijo...

Gracias por vuestras palabras señores, y muy buena visión anónimo ;-)

Seguiremos dándole duro al tema, tras unos días de ausencias.

Saludos!!

PS: SOPD, Tango y Cash forever!!
PS 2: la de los gatos te va a encantar Muñones jejeje.