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19 mayo 2008

Vidas en Sueño - 17 (Vidas de retrete)




Cuando mi padre trajo aquel acuario y lo rellenó de agua, peces, piedras, y demás, yo tenía nueve años, y la fascinación propia ante lo novedoso. Eran eternas las tardes en que pasmado me quedaba frente aquel pequeño mundo de vida, viendo a los pececillos de mil colores ir y venir de una esquina a otra. Les puse nombre a todos. Sin embargo, hoy en día sólo recuerdo el nombre de algunos. "Pollo", era el pez amarillo; "Rambo", el que más chocaba con los demás; "Periscopios", el de ojos saltones; "Aburrido", el que estaba siempre en el fondo del acuario, sin nadar como sus compañeros; y finalmente "Pitillo", el más delgado y alargado de todos. Llegó a tal punto mi ensimismamiento que mi madre me prohibía ver a los peces hasta que hiciera los deberes, temerosa que dedicase el resto de mis días a estar pegado en el cristal del acuario.

Aún recuerdo aquella tarde en la que vi a Rambo boca abajo, inerte, en la superficie del agua. Corrí hacia mi padre sin perder tiempo. Tenía que darle la noticia.

- ¡Papá, Rambo está echándose la siesta, como tú!

Tras escucharme con cierto asombro, se dirigió al acuario, y pensativo, observó largo y tendido al "durmiente". Acto seguido, extrajo al pez y lo envolvió cuidadosamente en un papel de cocina. Le pregunté qué pasaba, y aquél fue mi primer contacto con la muerte; se había quedado dormido para siempre. Mi padre me consoló, y me dijo que no me preocupase, que se lo iba a llevar al río Manzanares - que era donde vivían para siempre los peces buenos -, y cómo no, podríamos ir a visitarlo cuando nos apeteciera.

Algún que otro domingo íbamos a contemplar el río. Y yo siempre llevaba una bolsita con pan duro, por si Rambo quería comer. Un par de meses después murió Pollo, y la bolsa de pan pasó a ser más voluminosa. Al tiempo, tras ellos, fueron cayendo uno a uno, hasta que Periscopios quedó como último superviviente. No obstante no tardó mucho en unirse a la tragedia, pero esta vez muriendo en soledad. Como hizo con sus predecesores, mi padre lo sacó del acuario, y lo depositó en un trozo de papel, esmerándose en la ceremonia. Me dijo que me arreglara para la ocasión, que nos íbamos al río, a llevar al amigo Periscopios; y así hice. Me puse mis zapatos, mis pantalones, y mi camisa de ir a misa. Y fue cuando al ir al baño a peinarme me encontré de bruces con la realidad. De cuclillas, apoyado con una mano en la taza del váter, con semblante serio, dejaba caer al pozo del retrete el pez; vi cómo Periscopios se deslizaba a través del papel, y escuché un "¡pluf!" final. Ahogué un grito, y mi padre fue consciente de mi presencia. Intentó excusarse, confesando el mismo destino que tuvieron los demás. Fue peor el remedio que la enfermedad. ¡Había tirado todos los peces por el váter! ¡Todos! ¡Cómo había sido capaz!

El berrinche por aquello fue tremebundo; no dejé de llorar en toda el día. Le odié por ello mucho tiempo, pero como a todo niño mi felicidad tenía el precio de una nueva ilusión. Es por ello que trajo una pareja de tortugas a casa. El berrinche desapareció, y volví a querer a mi padre.

Treinta años después sigo paseando de vez en cuando por el río Manzanares, y, fijando mi vista en el agua, no puedo sino agradecer el buen gusto de mi padre. Arrojarlos a esas aguas, tal y como estaban - y están -, no hubiera significado ninguna vida nueva: ¡ahí no hay bicho viviente!

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Wenas de nuevo tio,
el titulo ya me ha gustado mucho, jeje. Lo mejor de todo es como consigues sacar una historia de algo en teoria pequeño. Se nota que las clases estan dando su fruto...

Un abrazo!!!

SOPD

Anónimo dijo...

lo poco que he leido de tus escritos me encanta, tienes una imaginacion única, plasmada de forma original en tus historias. me parece muy interesante conocer a una persona por lo que escribe, sigue asi y un día espero verte llegar muy lejos siendo igual que tu escritor favorito o mejor.
aun sigo pesando, que en tus notas escribes fragmento de tu vida que nadie las ves salvo yo, talvez porque te he conocido o a lo mejor porque lo flipo un poco. un besito y un abrazo que quien nunca te olvidara.

Zorro dijo...

Gracias por vuestros comentarios chicos. Realmente es muy agradable escribir y hacer sentir al lector lo que intentas transmitir.

Anónimo del SOPD, aunque para mí bien conocido, ya sabes que lo mío es tocar todos los palos posibles jejeje. Sí, las clases parecen que funcionan.

Anónima, y no menos conocida para mí, gracias también por tus apreciaciones. Realmente es así; mis relatos siempre llevan un guiño autobiográfico, unas veces más notoria, otras menos; unas veces voluntariamente, otras inconscientemente. Se nota que vas más allá del relato, y eso es una gran manera de conocer a las personas, no sólo por lo que te cuentan, sino por lo que te escriben.

Espero seguir agradando chicos

Alba dijo...

que bonito lo del manzanares!!
La verdad es que a veces basta con ser padre o tener a un niño pequeño al lado para que la imaginación crezca. cuando nos hacemos adultos nos volvemos aburridos. Y después ese niño recuerda todos aquellos cuentos...

¿¿Ésta es la que estabas escribiendo ayer??

Besos!!!

Zorro dijo...

Sí señorita, éste es lo que me tuvo toda la noche entretenido; en realidad ya tenía mucho avanzado, pero entre que depuré muchas cosas, añadí otras, revisé una y mil veces, me dieron las tantas jejeje.

me alegro que te haya gustado Alba.
Besos