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06 mayo 2008

Vidas en Sueño - 16 (El beso de la hechicera)



Nunca pensé que para evitar saludar a una persona tendría que cambiarme de vagón de metro. Nunca. El encuentro sucedió un día de esos que no apetece levantarse de la cama, y mucho menos ir a trabajar. Fue al mediodía, a la hora de comer. El metro, como era tradición, rodaba de una estación a otra envuelto en un manto de calor y sopor, familiar para todos nosotros. Y como música de fondo, aquel traqueteo monótono y el chirrido agudo que producía la electricidad en algunos tramos del viaje; pura cacofonía rutinaria.

Con la cabeza hacia abajo y acurrucado en torno a una barra iba leyendo un libro, aunque el cansancio me impedía concentrarme en la trama; "no sé qué de un chico que se cae en una calle, y parece que le va a atropellar un tranvía, pero al final no le atropella... o sí", murmuraba, intentando ubicarme de nuevo en la historia. Finalmente me di por vencido. Levanté la mirada y observé a mi alrededor; compañeros y compañeras de fatigas por todos lados. Y ahí estaba ella, a mi izquierda, sentada un par de filas más allá; cuerpo delgado y menudo, piel blanca, pelo castaño recogido en una coleta perfecta, manos alargadas y descuidadas . Vestía un top negro y unos jeans un tanto desgastados, junto con unas deportivas. Entre sus pies protegía una mochila de colores discretos, y con un continuo movimiento de su pierna derecha, iba leyendo con mirada fija una revista y mordiéndose el labio inferior. Se le notaba o bien nerviosa o bien emocionada; y yo me revolví en mi sitio, muy molesto por compartir el mismo aire turbio.

Poco a poco el habitáculo de metal y cristal del vagón se fue transformando en un local de paredes vestidas con tablones de madera y luces de mil colores, y el ruido por música pop a gran volumen. Y allí estábamos, ella sentada, con un tercio de cerveza en su mano y contemplando mi anillo de prometido.

- Así que éste es el famoso anillo que confirma que ya dejas de ser un lobo de la noche, ¿no? - dijo ella con sonrisa ladina.
- Sí señora - respondí con desgana, cerrando la caja donde estaba la alianza, y esperando acabar con aquella conversación.
- Señorita, que no todas tenemos el privilegio de tener a alguien con ganas de llevarnos al altar.
- Ya tendrás tu oportunidad. Ya te dije en su momento que hay muchos chicos dispuestos a conocerte, pero que tú no les dejas que te conozcan.

Ella llevaba varios meses tras de mí, o eso al menos eso parecía. Era de esas personas insistentes, que a base de reincidir conseguían sus objetivos. Pero conmigo nunca pudo; ella lo sabía, pero prefería no entregar las armas y seguir parapetada tras el muro, esperando cualquier ocasión para dispararme. Yo llevaba un tiempo saliendo con una chica. Y quería pedirle la mano en aquel local, donde según ella había vivido sus mejores momentos. Invité a mis amigos, solamente, y aquella lagarta, porque sí, decidió apuntarse a la fiesta. No lo entendía, mucho menos que los mamones de mis amigos desapareciesen de repente con excusas malas y me dejaran solo con ella, en lo que prometía ser una excelente conversación de tensiones sexuales. Seguimos un rato más así, ella lanzando dardos envenenados, y yo esquivándolos con respuestas secas y cortas.

- Ya sé que no tengo opciones, pero me encantaría que me dieras un beso, sólo un beso. - confesó la mujer, con tono serio y cabeza gacha.
- Sabes que eso es imposible, lo siento.
- ¡Sólo te pido un beso! ¡Un beso rápido y te juro te dejo en paz!

Parecía que hablaba en serio. Lo acompañó con una mirada penetrante. Sentí de pronto la sensación de la duda fluir por mis venas. Por un lado, la decisión firme de no actuar, pero por el otro una voz cada vez mayor me intentaba camelar: "¿Y por qué no? Un beso y te dejará en paz". Estuve contemplándola unos segundos, pero la fuerza con la que acompañaba su súplica, con sus ojos plantados en los míos, brillantes, me descolocó por completo. Sabía cómo jugar sus cartas, y yo como un iluso caí en la trampa, poco a poco, inconscientemente. Incluso de pronto me pareció un bocado demasiado irresistible para no probarlo; el deseo por lo prohibido empezaba a ganar la partida. Le dije que sí, sin estar del todo convencido. Ella sonrió, triunfadora. Adoptó una postura sensual, con las piernas cruzadas en su butaca y los brazos esperando a mi cuerpo, y con el cuello ligeramente ladeado hacia un hombro. Me acerqué a ella, y la besé. Sus labios estaban calientes, húmedos, y eran carnosos; perdí la noción del tiempo y del espacio. Besaba con dulzura y con pasión, acariciándome la espalda.

Lo que sucedió después me lo tuve bien merecido. Mi novia nos pilló en pleno beso, y salió sigilosamente de la discoteca, sin aparecer en toda la noche. Eso, y lo sumamente imbécil que yo era fue lo que me escribió en una carta de despedida. Despedida, porque dejó bien claro que tras aquello ya no me veía igual, y que quería dejar la relación. Nunca respondió a mi carta, en la que le aseguraba que fue un error, que sólo la quería a ella, que no quería que acabara nuestra bonita historia de amor. Tampoco respondió a mis mensajes de móvil, ni cogió alguna de las mil llamadas que pude hacerle.

De nuevo las luces de colores, las paredes revestidas de madera, y el sonido de la música se cambiaron por aquel habitáculo de metal y cristal. Me puse recto y avancé a la puerta del vagón, y mirándola con desprecio, esperando no volver a verla en mi vida, accioné la palanca de apertura y salí al andén, para cambiarme cinco vagones más atrás.

5 comentarios:

MuÑoNeS dijo...

Me estoy enganchando a las "Vidas en sueño" y eso puede ser malo.

Quiero más!!!!!!

Anónimo dijo...

Tocaba tragedia, no?
Bueno, espero ver algun hilo de luz al final del tunel...
SOPD VS POLLASTININA

Abrazos Alfredo

Zorro dijo...

Muñones, pues tú engánchate a esto, que es sano y no hace daño a la salud... no como la Comunidad del Chóped, que está demostrado que a la larga provoca paranoias, trastornos del sueño, e inusitada actividad sexual, llegando al borde de la parafilia en los casos más extremos jejeje.

Me alegro que te guste la saga compañero!!

Señor SOPD, siempre hay luz al final del túnel, pero esta vez tocaba tragedia. Todo textos bonitos con finales felices nos haría vomitar de forma tan brutal que más de una faringe estallaría en mil pedazos. Y si te refieres a la otra luz, eso es otra cosa que tú y yo sabemos ralla hasta el chóped jajaja.


Un abrazo amigos, y gracias por vuestra fidelidad

Alba dijo...

Wow... me he quedado petrificada con ésta última... La verdad. Llevaba tiempo sin pasarme por aquí pero notaba que algo estaba echando en falta...
Ahora mismo solo puedo decir: guau!!!

Zorro dijo...

Si es que... ¿a quién se le ocurre dejar de lado la Madriguera? jajaja, luego te llevas estos sustos.

Me alegro que te haya gustado Alba, siempre es un placer escribir y lograr transmitir sentimientos a los que lo lean.

Saludos!!