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04 marzo 2007

Cuando la luna no sonríe




Bajo el rumor de mis recuerdos abiertos,
tras el umbral de la fantasía,
dibujo tu silueta con mística empatía
y del trazo, fascinado, exhalo el aire de tus movimientos


Ayer nuestra amada Luna, fue eclipsada mediante una sucia estratagema urdida entre el Señor Lorenzo, un luminoso y poderoso señor encargado de dejar claro a todo mundo quién es el que manda en su Sistema, y su compañera de viaje, La Tierra, una caprichosa esfera que la necesita y que sin su luz nadie podría contemplar cuán bella es. Primero, la Luna se volvió roja de la vergüenza, y luego fue dejando de sonreir, durante unos minutos que se hicieron eternos.

Todos por la calle miran al cielo, curiosos; me acerco a un anciano que mira con interés al cielo.

- ¿Qué es lo que se está quemando amigo? - pregunto indiferente, adoptando la misma postura que el señor que, desconcertado, me observa.
- ¿Perdone?
- Como le veía mirando hacia arriba pensaba que algún edificio ardía con desinterés.
- Es que hay un eclipse lunar. Mire, mire, y deje de beber: no le hace ningún bien, aseguróselo.

Y ahí la veo, roja como un tomate. Está claro que no está acostumbrada a que tantos ojos la miren. Apabullada comienza a ocultarse, poco a poco. El señor, a mi lado, sonríe complacido, disfrutando del acontecimiento; le reprocho en silencio la actitud. No puedo soportar la escena; un farol de la noche, que pasa desapercibido siempre, objeto del morbo ciudadano justo cuando menos necesita ser observado.

- No me gusta su actitud amigo, la Luna no es ella misma, está llorando en silencio. - ladro angustioso. - No quiere que la miremos, es un momento delicado para ella.
- Deje de abrazarme joven, mi señora sospecharía.

Decido andar preocupado por su bienestar, echando vistazos rápidos al techo cósmico, para poder contemplarla de nuevo, plateada, reluciente, mágica. Por fin Ella me guiña un ojo, cómplice, y poco a poco se enjuga las lágrimas con un brillo más y más claro.

- ¡Vaya! Ya se está terminando el eclipse. Hasta el 2020 no volverá a suceder, ¡qué pena!. - murmura un joven, acompañado de un amigo metafísico que se hurga con interés la cavidad nasal, mientras lee atentamente un manual para programar calculadoras solares más allá de la vida.

Por fin, tras poco más de una angustiosa hora, mi amor de noche, la Luna, brilla de nuevo con fuerza, dejando claro que no volverá a perdonar otra relación secreta entre su amor prohibido Lorenzo y su amiga íntima La Tierra,... al menos hasta el 2020, fecha en la que volveré a esperar con angustía que brille con la misma fuerza con la que brilla todas la noches. Me abrazo con el primer ser humano que se cruza en mi camino, y sorprendentemente me devuelve el gesto; "¡tú también eres otro bohemio!", pienso en silencio, mientras aquel ser humano señala con ilusión a la luna y con su sombrero de Tres Picos se aleja dando brincos en la iluminada calle.

3 comentarios:

MuÑoNeS dijo...

Me pillo de bares el eclipse y no lo he podido ver por la tele. Agradezco tu pequeño comentario porque es muy descriptivo y seguro que ocurrió así.

Nos bevemos compadre

May dijo...

Por mirar la pequeñez de un gusano podemos perdernos la grandeza de un eclipse.
Kung FuTse, Confucio.

Charo dijo...

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño déjame, no pises,
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya,
ay como canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
el aire la está velando.

De nuestro amigo Federico.