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22 diciembre 2010

Parpadeos - 51 (Ausencia de conflictos)




Virginia Wolf quedaba todas las tardes con su madre para tomar té y compartir confidencias. Francisco Umbral brindó en la boda de su hijo. Bukowski simplemente no nació. Carver dejó el whisky; Salinguer, también. Quevedo se interesó por la teología hasta tal punto que ingresó en la orden de los franciscanos. Shakespeare nunca leyó antiguas historias danesas. Juan Rulfo se dedicó al ensayo. Cervantes arrasó en el teatro. Miguel Hernández fue un reconocido falangista. Alberti siempre vio el amanecer desde primera línea de mar. Stanislav Lem y Borges nunca llegaron a soñar con laberintos. Al bueno de Bulgákov, Stalin le dejó partir a otros países. Franz Kafka heredó el negocio de su admirado y amado progenitor. Juan Marsé, asturiano de toda la vida. Proust era un amante de los espacios abiertos y de las relaciones humanas. James Joyce, abstemio. A Bolaño le llovieron billetes desde su primera publicación. Catherine Millet se convirtió en toda una institución en su época. Las novelas de Conan Doyle no interesaban.

Y la semana que viene Mario Conde recogerá el Nobel de Literatura, por su fastuoso libro de memorias.

2 comentarios:

José Antonio del Pozo dijo...

Oiga, sr Zorro, en contra de lo que dice la Dogmática, yo creo que a todos esos que pones ahí, les metes en un camarote, el de los hermanos Menox, claro, porque si no hay conflicto no hay Marx, los remueves cuarto y mitad de lo que de cada uno apuntas,y te sale un reality que haría tuyos los condianos Días de Gloria y Aleluya.
Saludos Sr Zorro. (ocho-cero, ayer,qué levante de moral)

Zorro dijo...

Levante, levante el ánimo, amigo mío.

Sí, sería curioso haber juntado a toda esa gente en un camarote o similar, y pelillos a la mar.

José Antonio, amigo, Felices Fiestas de todo corazón.