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20 junio 2006

A por ellos - Segunda parte




Antes de nada pedir perdón a mis lectores por haber escrito esta segunda parte sin incluir la primera, pero dado que no vi el partido, y por no pecar de sindorme de "Redactor MARCA" he decidido saltármelo; hay que escribir sobre lo visto.

Tras el 4-0 endosado por nuestros muchachos la prensa española se había crecido, idolatrando a un combinado que no tenía ninguna garantía de campeón tres semanas antes del inicio del campeonato. Sin embargo muchos cambiaron la camiseta embarrada por exquisitas camisolas con puñetas bordadas a pulso; MARCA, cruzado de la utopía española (no es el primer Mundial en el que nos pone como máximos favoritos), fue uno de ellos. Poco a poco todos se fueron entusiasmando, prensa y aficionados, salvo los que consideramos que esto es tan solo un espejismo; no podemos decir que somos campeones del mundo ganando a Ucrania. Aun habiendo escépticos, los tigres del Sabio de Hortaleza (Luis Aragonés) han logrado contagiarnos de un espíritu de ilusión que bien merece estar enganchado a los partidos.

España saltaba hoy al terreno de juego con el partido ya ganado; todo el mundo nos daba como virtuales vencedores del encuentro, incluida mi querida Angels Barceló y su consesuado silogismo:
"Si ganamos 4-0 a Ucrania, Ucrania ha ganado 4-0 a Arabia Saudi y los árabes y los tunecinos empataron, entonces seguro que ganamos 8-0" (que le retiren la medicina). A simple vista parecía un partido amistoso, en el que marcamos dos goles y nos vamos tan contentos.

Pronto descubrimos que Túnez no iba a regalar ningún punto; a los siete minutos nos endosó un gol, precedido de un fallo defensivo (creí ver a Nadal buscando la pelota enloquecidamente como antaño). De vuelta a la realidad,... desde mi casa se escuchaban los murmullos de los ancianos de pacharán y dominó: "Esta selección no vale un pimiento Matias, te lo digo yo". Salgo a la terraza y observo a una familia de argentinos hablando tranquilamente sobre sus vacaciones. ¡Cómo se nota que no necesitan sufrir con su Selección! Vuelvo al televisor, y un golpe de cámara enfoca en el banquillo a Cañizares y a Raúl sonriendo en el banquillo. ¡Toda una portada para mañana!. Alzarán las críticas a estos dos jugadores, por reírse en un partido de fútbol, ¡y encima perdiendo! Al menos evitaron comer pipas.

El combinado español jugó la primera parte con más corazón que cabeza; miles de oportunidades desaprovechadas en un partido muy duro. En vez de tunecinos parecían marines hormonados, y el portero todo un colega, tanto o peor que yo bajo los palos. El rival jugó un partido de pressing, con miles de entradas duras y juego rudo. Regalaron la pelota al combinado español, que incluso llegó a plantarse con un 65% de posesión del balón. Puyol no se había enterado que estaba jugando al fútbol, y Perniá se estaba engrasando las piernas; el resto jugó correcto los primeros 45 minutos.

Llegó la primera parte, y decido irme al Sahara (así se llama el pub que frecuento, aún no he decidido calzarme babuchas) con mis amigos. Entro en el bar y parece que están todos viendo otro partido; la gente aplaudía y no se cansaba de recitar cánticos, expoliados por el siempre fraternal "abuelo" (con lo formal que parece cuando ve los partidos del Atlético de Madrid...) y sus fieles acólitos alevines cacofónicos, que taladraban continuamente los oídos de los presentes. El camarero debió incluir dosis intensivas de ginseng en las copas de los susodichos.

Empieza la segunda parte, y todos nerviosos por ver la resolución de los minutos que faltan. Han salido al terreno de juego Raúl y Fábregas, y mi nerviosismo crece por momentos; por un momento imagino a Guti, y un escalofrío recorre todo mi cuerpo. Hay pesadillas que es mejor no recordar. España juega ahora más nerviosa, más impulsiva. Perniá sigue buscando una gasolinera para repostar, pues se quedó sin gasolina; Puyol parece que ha conseguido llegar a tiempo en la segunda parte; Casillas flirtea con las recogepelotas aburrido de no jugar; Raúl, en su mundo mágico y particular. La Selección transmite una sensación que me es familiar, pero al menos el mediocampo está inspirado.

Y tras varios puñetazos contra la pared, ofuscaciones, gritos ahogados y chirridos de dientes, sin olvidar a la incansable afición acústica del bar, de un rechace a disparo de Fabregas aparece Raúl con la caña para demostrar a España que no es jugador de futbolín, y que sus cucharas aún se hunden en las mejores sopas. Alboroto general; mi cigarro sale despedido y me abrazo hasta con la máquina de dardos. Todos cantamos, nos secamos el sudor y pedimos al equipo que siga poniendo el mismo empeño.

Y Fabregas entra en la factoría de los pases maravillosos, recoge el balón, y dibuja el 70% del 2-1, que Torres, con un poco de nerviosismo, firma con poderío. De nuevo alboroto general y abrazos efusivos, como padres histéricos en la sala de espera de maternidad; y no es para poco, ¡esto es un maldito parto!

El portero de Túnez, que como dije antes era todo un colega, se restregó por el suelo intentando parar el penalty de Fernando Torres, que suponía el 3-1 definitivo. De nuevo ola de satisfacción y alegría descontrolada, y los coros de canciones facilonas alzándose por nuestras cabezas. Del penalty tuve cierto temor; no entiendo qué fatal destino nos persigue para que este muchacho, Torres, sea el encargado de lanzar la máxima pena. Si jugásemos mi abuelo y su cuadrilla, yo, y un par de amigos míos lo entendería, pero teniendo a Xavi Alonso, a Xavi, a Fábregas, a Luis Aragonés, a su ayudante, incluso a San Iker Casillas el Niño no debería tener prioridad.

Al final 3-1, resultado cómodo, que nos clasifica automáticamente a Octavos de Final, y a mi parecer justa recompensa por todo el trabajo realizado. El encargado del estadio, que debió ver un partido diferente al resto, otorga a Xavi Alonso el MVP (Most Valued Player) del partido, cuando debió ser para Xavi (el otro) o para Fábregas.

Salimos todos afónicos del Sahara secándonos el sudor de los nervios, con una gran satisfación. Ahora toca Arabia Saudí, tercer peldaño del "A por ellos OE". Han perdido 4-0 contra Ucrania, no se juegan nada, salvo el honor (que en aquel país se arregla muchas veces a golpe de cimitarrazo, ¡horror!). A la postre parece el partido más sencillo del grupo, y espero se solvente con nueva victoria. Yo seguiré animando a mi Selección, aún con la duda de si estamos ante la evolución futbolística nacional, y con ganas de seguir ilusionado viendo a Manolo con su bombo evangelizando a los rivales herejes.


3 comentarios:

Ray dijo...

Qué gran crónica, me ha gustado Pableras, ese estilo va depurándose, se nota. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Si el hambre diera tanto q hablar como el fútbol...Demasiado para mi tanta retaila, lo siento cari jeje.María.

Pepe Llaves dijo...

Genial tu artículo amigo, me he reído muchísimo.

Tienes mucha clase para esto; espero sigas escribiendo con la misma maestría, que yo seguiré visitándote.