
Despertó como si de su cuerpo expulsara un demonio; gritó con todas sus fuerzas. Y retumbó el sonido en sus oídos con violencia. Sentía la garganta seca, le dolía la cabeza, y en vano intentaba mirar a través de la oscuridad. Abrió mucho los ojos, hasta sentirlos casi fuera de sus cuencas. No veía nada. Sólo tinieblas. El aire estaba viciado, no había corriente alguna.
Estaba tumbado, brazos estirados a los lados, piernas semiflexionadas. Sentía sus extremidades entumecidas. Apenas podía moverlas. La cabeza le dolía mucho; como si una pandilla de matones estuvieran descargando sus martillos sobre su cráneo. Parpadeó. La imagen de un doctor con su bata blanca aparecía de pie junto a él. le cubría el cuerpo con una sábana blanca. "Hora del fallecimiento, las 4:57". El doctor se difuminó, y aparecieron su mujer y sus hijos. Rostros congestionados y lágrimas que recorrían sus rostros, observándole asomados a una caja. Escuchó voces de un cura en la lejanía; parecían bendiciones.
"No podía ser... no podía ser...", se dijo. Él estaba vivo, aunque le doliese todo el cuerpo. Se quedó en silencio. Tragó saliva. Empezó a temblar. Notó un frío intenso que le agitaba. Tembló mucho más. Angustia. A cada segundo que pasaba, con más certeza que el anterior, totalmente aterrado, tenía la impresión que le habían enterrado ... ¿vivo?