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11 diciembre 2008

Autoretrete (Jorge)





No hay nadie más importante que yo en este edificio. Ni los hoscos gorilas con porra y gorra en las grandes puertas de cristal bohemio de la planta baja, ni los pollos con bigote y multiformulario de la catorce que preparan todo el papeleo. Ni mi linda secretaria Manolita y sus gafas de montura fashion-fuxia. Ninguno más que yo tiene un picaporte de plata en su cuarto de baño privado. Pero mira qué tacto, Andréu, mira qué tacto. Toca, hombre, que es tuyo. Toca el picaporte de plata. ¿A que se nota? Claro, hombre, claro que se nota. Es plata de ley, oye, de ley. Has llegado arriba, Andréu, has llegado.

Estoy cómodamente recostado en mi pequeño trono de cerámica blanca con los pantalones de seda turca por los tobillos. El asiento está optimizado ergonómicamente para ajustarse a la medida de mis nalgas. Gelatina de roble canadiense, lo último de lo último. Me inclino un poco hacia delante para rebuscar con mi gruesa mano en el bolsillo arrugado. Ahí está mi pequeña navaja -plata de ley, Andréu, de ley- y grabo en la mágica caoba de la puerta: "25-11-2008. Cerrado Contrato KIA". Y firmo debajo: "Andréu". Qué gusto. Míralos. Y los miro. Repaso todos los grandes acuerdos que firmamos en estos últimos tres años. Has llegado arriba, Andréu, has llegado. A la planta veintisiete, ni una menos. Nada por encima, todo por debajo. Nada por encima, solamente el cielo y todo es cuestión de tiempo. Me relajo contra la tapa acolchada del water y pienso. Pienso en el bueno del señor Kimono Miyonetis sentado en el enorme sofá Kojinchinski de mi magnífico despacho, esperando con el contrato al otro lado de esta gloriosa caoba rebosante de historia. Vaya años más buenos, vaya gozada. Aaaah.

Ahora hay que volver y firmar. Vamos. Pulso el botón y suena el mecanismo rotor que dispensa papel desde detrás de la pared. Es un papel extremadamente suave, como el cachorrito que lo anuncia. Es un papel excelente, pero aquí se oye mucho el rotor y no se dispensa nada. Aprieto más fuerte, aporreo el botón como un mono adicto al crack pero no funciona. Que no sale el papel, oiga, pero qué cojones, de aquí sale ese papel como que me llamo Andréu y me apellido Pichín González. Y si no sale de buena voluntad, meto la mano por la ranurita y lo saco yo a ostias. No entra, no cabe. Si tuviera una mano más fina, más delgada tal vez podría... ¡Manolita! Si la llamo ella sí que... ¡Pero Andréu!, ¿y qué va a pensar el señor Miyonetis cuando te oiga berrear en el baño el nombre de tu secretaria y ella entre corriendo a echarte una mano? Eso si la buena de Manolita entra, que también habría que entenderla. ¡Pero qué brete es este, Señor! No tengo el móvil, no tengo nada más que esta estúpida navaja y un botón que no dispensa. Y mi corbata de la suerte de quinientos dólares. ¡No te me pongas creativo, Andréu, y deja la corbata en su sitio! Sé un hombre. La única salida digna es la honestidad, Andréu, la humildad, los japoneses sabrán apreciarlo. Tu camisa es larga, no se verá nada: levántate, abre educadamente una pizquita la puerta, asomas la cabeza y les pides ayuda en voz muy calma. Ya verás como eso hasta te humaniza y crea lazos más fuertes entre las dos empresas. Ya verás, Andréu, de esta no sólo vas a salir, sino que sales reforzado. Ya verás, tú abre la puerta sólo una pizquita...



Escrito por Jorge alias "Mott Gordonitte"

2 comentarios:

Alba dijo...

No se puede subir uno tanto el ego, oye... que luego se queda sin papel... Mira que da corage encontrarse que no hay nada... jejejeje pero con tanto lujo, y picaportes de plata ya se podrían haber preocupado en poner más papel del váter jajajajajaja

UN besote!!!

PaKoKemao dijo...

Le falta la segunda parte XD. Muy bueno.