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29 enero 2007

Incompleto





Hace unos días, hablando con una compañera del curso de inglés, una de los incondicionales de la Madriguera, me comentó que mis textos siempre eran largos, que me gustaba extenderme. Hace unos meses escribí este relato, para presentarlo a un concurso de relatos cortos en mi empresa; con ello quiero demostrar que también puedo escribir cosas breves, lejanas a los pasteles ceremoniales que publico de vez en cuando. El relate se llama Incompleto; espero que os guste.

Salgo a la calle, y la miro con temor; hace dos meses el doctor me dijo que iba a morir justamente hoy, que no tenía solución, que mi personaje en este cuento pasaría a la nada. Desde entonces he estado en casa, contando y recontando días, horas, minutos, intentando retroceder el tiempo de algún modo,… imposible: ha llegado el día.

Son las siete de la tarde, es de noche. La gente camina ausente, aburrida, casual. Sólo un pequeño perro advierte mi existencia, agitando su rabo con alegría, con la lengua fuera y olisqueando los bajos de mi pantalón; rápidamente el dueño rompe ese silencio absurdo tirando de la correa y obligando al animal a proseguir la ruta, la de todos los días. Gira el cuello, y se pierde entre el bullicio transmitiéndome ánimo con sus grandes ojos color negro azabache; ¿habrá olfateado mi situación?


Prosigo el camino hacia ningún sitio determinado, abrigado del frío, andando, parándome, echando vistazos a atrás, recordando voces y caras, puestas de sol y golpes al despertador. Las calles por las que deambulo aún conservan ambiente de ciudad antigua, y un olor particular, a castaña asada, llama mi atención. Me acerco a la castañera, me mira, la miro, y me extiende un cono de castañas calientes. “Para el frío, lo mejor algo cálido”, dice la señora con un tono tierno y mostrando una sonrisa desdentada. No acepta mi dinero, y sin embargo besa mi mano; ella no ha necesitado olisquearme.


Agoto las horas del día deslizándome por las esquinas, llorando por el futuro, incompleto. No puedo más, y regreso a mi hogar, para aceptar el destino que una persona de bata blanca auguró, o lo que es peor, certificó. Me acuesto, pero un miedo me invade, no quiero cerrar los ojos; no quiero que ésa sea la última vez que pestañeo. Quiero seguir observando el mundo, quiero seguir paseando, quiero seguir sintiendo, y comprarme un perro, y comer castañas asadas cuando haga frío. Mis ojos quieren cerrarse, y finalmente me quedo dormido. Casi alcanzando el sueño profundo, una pregunta me inquieta: “¿Para siempre?"

6 comentarios:

Rebeca dijo...

escalofriante y emocionante tu relato.

MuÑoNeS dijo...

Como se nota de quien has aprendido la lírica... Muy bueno tu relato y a seguir copiandome :-P. Lo pondré en el blog si vuesa merced me lo permite.

Zorro dijo...

Por supuesto que lo puedes colgar en tu blog crack, no hay problema.

Un abrazo y a cuidarse

Ivan dijo...

Fiuuuu tio, bastante mejor así que con las ardillas mutantes y las magdalenas siderales.

Diana dijo...

Si te digo q se me ha cortado la respiración sería excesivo??...es la sensación inquietante de estar frente al abismo, aterrador y seductor. Perturbador??, No se, pero sin duda con esto te has superado.

Mayta dijo...

En fin no tengo palabras... me ha dejado absolutamente sobrecogida.
Recuérdame que quedemos más días a la salida de clase para sugerirte más cosas... Gracias!!
Your inconditional reader and english's colleague).