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29 junio 2006

Need for Autobus




Tras haber tuneado mi coche con un taxista, y ante el más que probable riesgo de recoger una "receta" de la Guardia Civil por llevar un faro mirando para Cuenca y el otro para Logroño decidí viajar a Málaga en autobús; al principio no me veía dentro de uno de esos rumbo a la Costa del Sol, y menos aún después de más de 40 viajes efectuados en mi gran Corsa, pero las circunstancias me llevaron a ello. Luego empecé a verle el lado bueno: cero stress, sin riesgo a quedarme dormido al volante, mientras viajo puedo ir haciendo lo que quiera,... ¡y encima me ahorraba la mitad de dinero!

Madrid, Estación Sur, 8:40 am. Allí estoy yo con mi maleta fumándome compulsivamente un cigarro antes de subir al autobús; el conductor se rasca la espalda y arroja su pitillo al suelo. parece que va ser un viaje tranquilo, poca gente, buen tiempo y un conductor relajado y rascado.

De pronto una horda de chavales y chavalas se adentran en el vehículo, y me temo lo peor; 500 km escuchando berreos de David Bisbal, risitas nerviosas, aplausos y gritos variados. A mi lado se ha sentado un hombre con gafas y con una mochila en su brazo. Empieza a sacar su contenido: PC Portátil, radio/mp3/cacharro indefinido, linterna USB para el ordenador, una especie de móvil,... me llego a preguntar cual es el fondo de su mochila. Si le veo que saca un chicle y empieza a empalmar cables del ordenador me hubiera bajado del autobús ipso facto.

El viaje transcurría según lo previsto, con muy poco tráfico. Los chavales iban hablando acerca de sus vacaciones en Málaga, mientras algunas se dedicaban a quitarle granos a un amigo; realmente una escena preciosa. El friky de mi derecha teclea a toda pastilla con su PC, echando miradas nerviosas,... que no saque un chicle, que no lo saque.

Al cabo de una hora y poco, en el punto álgido de la película pastosa que nos habían puesto, y que por supuesto me negué en banda a ver, ¡bam!, se oye un porrazo en la zona derecha de la parte trasera del autobús. No sabemos si ha sido una flatulencia de un pasajero despistado, un coche que ha golpeado la chapa o un misil tierra-aire de algún F-15. La gente mira con inquietud hacia donde proviene el ruido, comentando entre risas nerviosas el susto.

En un momento el autobús para en el arcén, se baja el conductor y sube con una sonrisa, coge el micro y recita con picaresca: "Señores, hasta aquí hemos llegado, ha reventado la rueda". Se oyen resoplidos, carcajadas, murmullos, y el conductor se une a la juerga diciendo que es la tercera vez en menos de una semana en la que la compañía de autobuses tiene uno de sus vehículos con una rueda reventada; aliviar no me alivia, y más teniendo en cuenta que me queda viaje de vuelta.

Varios muchachos preguntan inocentemente al conductor si se pueden bajar a fumar un cigarro (se me abren los ojos con entusiasmo, un cigarrito vendrá genial), a lo que éste contesta que sí, pero de cuatro en cuatro; al cabo de diez minutos estamos todos abajo, salvo el friky, que ni se inmutó en ningún momento del incidente; seguro que ahora cuando nadie le vea saca el chicle y la lía...

La foto de este artículo representa el momento en el que estamos en la cuneta viendo la rueda cómo quedó. Durante la hora y media que tardó el autobús de refuerzo en llegar (adiós al partido de España) por allí pasaron dos furgonetas de reparto preguntando si estábamos bien, un vehículo de conservación de la autopista, un camión, la Guardia Civil,... sólo faltaban los bomberos y Batman, el resto estaba allí comentando jocosamente la jugada. El conductor era el más feliz de todos, fumándose sus cigarritos; realmente su actuación me tranquilizó mucho, porque de haberle visto agobiado me hubiese estresado yo también.

Llega el autobús de refuerzo y emprendemos el viaje de retorno. El friky ha dejado el ordenador, los chicos vacacionales comparten chascarrillos y patatas fritas, una señora empieza a comentarme lo mucho que consumen las lavadoras, y el conductor nos pone "El Fugitivo"; lástima que los ahí presentes no tuvieramos la capacidad de escuchar infrasonidos, porque el volumen brillaba por su ausencia.

Tras casi cuatro horas, reventón de rueda y abeja polizonte incluida llegamos a la parada de descanso, en Guarromán (una historia bellísima deberá tener el origen de dicho nombre en el pueblo). Nos dice el conductor que de nuevo cambiaremos de autobús, y que tenemos cinco minutillos para descansar; y en cinco minutos fui al baño, mastiqué un cigarro, medio hablé con mi novia por teléfono y compré algo de comida... aún no sé cómo fui capaz de tal hazaña.

Emprendemos el viaje a Málaga, con un autobús nuevo pero con el vídeo roto (¡genial!) y todo va "sobre ruedas". Llega las 4.00 pm, y con ello el partido de la selección española; el conductor nos ha puesto Radiolé, por lo que descarto vaya a poner el fútbol. Enchufo mi radio para comprobar que no tengo cobertura de antena; por mi cabeza pasa pedirle al friky que me diseñe una antena casera con el bote de las Pringgles (patatas disecadas con extraños sabores adictivos), pero está dormido, mala suerte. Casi llegando a Málaga por fin puedo empezar a escuchar el partido, pero sólo gozo de 15 minutejos. Y así acabó mi primer viaje en autobús a Málaga (desde que tengo coche).

El viaje de vuelta fue más tranquilo; me leí la mitad del libro del "Código Da Vinci" y me puse el reproductor de MP3. Mi compañera de fila iba en su mundo, y el par de películas pastosas que pusieron acallaron el ánimo de los pasajeros. No pude evitar antes de regresar a Madrid observar la rueda trasera del autobús, y aquello parecía un queso de Gruyère; ¿habrá segunda parte?Sobre las 11.30 pm el autobús paró en el badén de la estación, recogí mi maleta y partí en Metro hacia casa. Antes de llegar a casa pasé a mirar el coche, y ahí estaba con su tuneo al brillo tenue de la Luna, echándome de menos y yo a él, porque tengo una manía, y es la de no fiarme de ningún vehículo que no conduzca yo.

Y aquí acabó mi primera experiencia autubusera, una buena alternativa para descansar, descubrir perfiles distintos de personas y para viajar, ¿seguro? Seguro que sí :)

1 comentario:

Rosilla dijo...

Lo que no te pase a ti no le pasa a nadie. Pero claro, habrá que pensar que el destino pone en tu camino estos sucesos paranormales para que tengas algo de lo que escribir, jejejej.