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05 mayo 2010

Parpadeos - 23 (La tía Matilde)




Oigo cantar al tenor a través de los altavoces de la radio, y sus gorgoritos retumban en las paredes del salón, que hace las veces de una olla sobre el fuego. La tía Matilde, que huele a orín, hace punto de cruz frente a mí: una bufanda de lana gruesa en pleno agosto. Son las siete de la tarde y por las rendijas de las persianas bajadas se cuelan gritos de niños y los rayos de sol de la tarde. La tía Matilde tiene las rodillas juntas y se mece con armonía mientras cruza una y otra vez las agujas. El tenor combina notas graves con agudas; muy rápido. Mis padres me han enviado al pueblo el verano completo, como todos los años, para hacer compañía a la tía Matilde. “Te vendrá bien distraerte de Madrid unos días, y así de paso haces compañía a la tía Matilde, que está muy sola”, sentenció mi padre, comandante de la Segunda de Caballería del Regimiento de Tres Cantos. Tengo hambre; cené hace unos minutos y no volveré a comer hasta las cinco de la madrugada, que es cuando hay que levantarse en esta casa para dar de comer a las gallinas. El tenor ha bajado el volumen de voz; eso o que me estoy quedando dormida. Mi tía Matilde sigue concentrada con sus agujas y se mece cada vez más suave. Se oye un balón rebotar contra algún muro. Y es en estos momentos, medio engullida por el sofá pegajoso de mi tía Matilde, cuando prefiero los gritos de mi padre y los bofetones de mi hermano mayor.

2 comentarios:

Marcos Ortega dijo...

pensaba q ibas a matar a la tía Matilde, te estás haciendo un blando... yo me la hubiera cargado jejeje

Zorro dijo...

Pobre tía Matilde jejeje. Bueno, a alguno de vez en cuando lo dejo vivito y coleando XD