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08 junio 2008

Vidas en sueño - 20 (Jugando a bailar)




Estaba siendo una noche de lo más animado en la Discoteca El Cocotero Eléctrico, uno de los pocos sitios donde aún se podía disfrutar de unas excelentes piezas de merengue, salsa y bachata. El local no era muy extenso, pero la buena vista de sus dueños hizo que el poco espacio fuera distribuido de forma que borrachos y danzarines pudieran disfrutar de sus vicios sin estorbarse demasiado. A un lado, una barra atestada de parroquianos sentados en las sillas, donde dos camareras latinas ponían copas frenéticamente. Justo enfrente, la puerta de entrada/salida, la cabina del pinchadiscos y el acceso a los lavabos. En el centro de la discoteca, en forma circular, rodeada por focos y luces de colores, la pista de baile, que no estaba muy concurrida.

Tras una canción de bachata bastante empalagosa, y un breve silencio, el DJ puso una canción de merengue. El tempo y el ritmo cambiaron. Era atrevida, provocativa, e invitaba a bailar aunque no se tuviera mucha idea de llevar en armonía los pies de un lado a otro. En pocos instantes la pista de baile estaba a rebosar. Decenas de individuos movían sus caderas aceleradamente. Quizá por ello nadie advirtió a una pareja bailando cerca de la barra de copas.

Ella llevaba un vestido y sandalias con tacón; tenía el pelo oscuro y liso, el cual le colgaba hasta mitad de la espalda. Era delgada, no muy alta. Lucía una figura muy femenina. Mostraba una sonrisa pícara, y sus ojos estaban entrecerrados y fijos en la mirada de su acompañante; se había entregado por completo al juego de la seducción, y lo disfrutaba. Él lucía pantalón blanco, a juego con el sombrero y la corbata; en contrapunto, zapatos de punta larga y camisa negros. Ancho de espaldas y medio metro más alto que ella, pero con una complexión más cercana a lo delgado. La miraba con deseo, como el primer día que la vio aparecer en la oficina; se mordía el labio inferior viendo cómo se contoneaba su compañera de baile, y su mano izquierda sujetaba con firmeza su cintura de avispa.

En todo momento, ambos jugaron con la mirada, sincronizados en las contorsiones y vaivenes. Él se sentía afortunado, no podía dejar de pensar en aquella noche en la que se besaron tras una agradable cena de empresa. Luego, la propuso otra noche, y ella aceptó. Era la primera vez que rozaban sus cuerpos al son de la música, y tal y como ella sospechó, su pareja de baile era la ideal para este placer. Media vuelta, y la cogió entre sus brazos; luego la volvió a alzar, y se estiraron en una maniobra que fue aplaudida por las camareras, que con sonrisa forzada no hacían sino ocultar envidia. Ella se arrimó a su pecho, y éste giró completamente; luego un paso atrás, dos adelante, y giro de 360 grados, quedando espalda contra espalda. Justo en ese instante la canción terminó, y volvieron a enfrentarse con un vaivén relajado. Ella le acarició el rostro, y él la besó.

Fue en ese momento en el que decidí ir a pedir una copa a la barra. "¿Qué querés divino?", preguntó melosa una de las camareras. Pedí un Ballantines con Sprite, pagué la consumición, y una vez calmado el fuego de mi entrepierna, que aquella camarera me provocó, giré para seguir contemplando a la pareja que tan buenos recuerdos me hizo rememorar. Pensé en ti, y en lo bien que te movías en la pista cuando juntos nos marcábamos unos pasos. No dejé de contemplarlos en lo que duró la canción, incapaz de abandonar la nostalgia.

Pero yo allí no pintaba nada. Me incorporé de mi silla, observé una última vez a la pareja, y con cabeza baja, casi arrastrando los pies, abandoné la discoteca donde tú y yo nos conocimos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Baile y deseo.... brillante descripción, pero no me refería a este tipo de deseo en el comentario que te dejé sobre las estrellas fugaces... jajaja.
Seguro que no estás aprendiendo a bailar?.

RCP

Zorro dijo...

Tenía este relato pendiente desde hace mucho tiempo RCP (te dejaremos puesta la máscara de las siglas jejeje), y además esperaba que tú lo leyeras, pues este relato fue una inspiración en una de nuestras conversaciones sobre tu concurso de baile.

Y no, no sé bailar aún jajaja. me alegro que te haya gustado.

Un beso,
Pablo