
Septiembre fue un mes duro en el aspecto físico.
A disparo potente y seco de un compañero de equipo de fútbol intenté blocar el balón, pero mis manos de mantequilla y la mala fortuna me provocaron un esguince en el dedo índice de mi mano izquierda, convirtíendolo en una preciosa morcilla. El médico recetó quietud, calma, anti inflamatorios, diez sesiones de rehabilitación y dos meses alejado de los tres palos. Seguimos en proceso de recuperar el dedo.
Tras coger con ganas el asfalto y hacer un programa agresivo de running y algo de bicicleta mi pierna derecha se quejó en forma de una molesta y preciosa sobrecarga, que mal curada volvió a reaparecer.
Hoy día 5 de noviembre, con la pierna a punto, me calcé de nuevo las deportivas y me lancé al asfalto, con un programa más ligero. El cuerpo no se acostumbró de nuevo, pero la pierna aguantó, y regresé a casa de nuevo con la satisfacción de haber movido el esqueleto.
Volvemos al ejercicio, y en breve a la portería. Regreso.