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“Además, el pollo rebozado siempre humea demasiado, amigos. Por todas estas razones les recomiendo que se lo hagan a la plancha con unos tomatitos. Y ya saben: coman frutas y verduras, beban mucha agua, tomen leche de soja y condimenten lo imprescindible con sal del Himalaya. Y todo hervido, que conserva mejor las propiedades”.
Julio apaga el televisor y el salón se queda a oscuras. En la soledad, recordando aquellas discusiones por culpa del colesterol, añora la coliflor, la merluza hervida y las otras porquerías. Su mujer se llevó la olla express y la sal del Himalaya.
2 comentarios:
No tenemos ni idea de lo que tenemos hasta que lo perdemos. Me ha gustado mucho tu micro relato.
No tenemos ni idea del valor de algo hasta que empezamos a echarlo de menos. Incluso aquellas cosas, antes molestas, se añoran en esa ausencia. Me ha gustado mucho. Tan real como la vida misma. Enhorabuena.
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