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Hace dos semanas bailé un tango, y al día siguiente hallamos los vecinos un cadáver en el mármol del portal: era un amigo argentino de la del piso quinto. Hace nueve días bailé unas sevillanas, y al día siguiente otro cuerpo tendido bajo los buzones: una sevillana, de Dos Hermanas, cuñada de la que limpia las escaleras. Hace cinco días me dio por bailar la danza del vientre; Abdul Hamad, el marroquí del bazar de la esquina, yacía tumbado frente el acceso a las escaleras de emergencia. Ayer improvisé unas sardanas, y esta mañana nos hemos encontrado a Jordi, el propietario el edificio, catalán orgulloso, tumbado entre el recibidor y el suelo de goma de la cabina del ascensor.
"¡Mala suerte! ¡Esto es una tragedia! ¡Este puto bloque está maldito!", bufan a coro todos los vecinos, con sus rulos y sus corbatas desgastadas. Yo, por si acaso vuelve a suceder, dejaré las clases de baile y me dedicaré a algo menos destructivo; por ejemplo, sepultar cadáveres en el cementerio.
3 comentarios:
que además, en ese bloque, lo que menos iba a faltar era trabajo de eso... cuanto me alegro de que no le diera por bailar chotis...jajajaja
o dar pases de torero??? ;)
jajajaja, más de un madrileño o andaluz temblaría
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