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20 febrero 2008

Blanco y Negro




Y sin quererlo, de repente, amanece un nuevo día. El frío de la nieve - blanca y brillante - se transmite a través de los cuartos delanteros y traseros, y notas cómo la cola se eriza levemente; un escalofrío protocolario, un impulso de la supervivencia a la que estás alienado. Por tu hocico notas el aroma de la vida al pasar, y agudizas al máximo tus sentidos ante la más mínima novedad.

Ayer te refugiaste en tu madriguera - negra y oscura -, asustado y tiritando de frío. Y hoy, majestuoso, asomas tu cabecita rojiza por tu escondite; y un soplo de frío y austerismo mesa tu pelaje, suave y vistoso, cuando el blanco es lo que predomina en el horizonte. Pero eres el rey del despiste, de lo improvisto, de lo discreto; el señor de la observación. Tiesas y alertas, tus orejas reciben hasta el mínimo susurro del silencio, y las pupilas de tus ojos se concentran en cada partícula que monta aquel puzzle. No temes a nada, y eres consciente que en el fondo eres vulnerable a mil peligros, como a una jauría de perros. Piensas que hay que morir mordiendo, sintiendo el desgarro en la piel de tu enemigo. Hoy te atreves a enseñarle al mundo tus colmillos, y a pasear con orgullo tu presencia, y tu esencia.

Y por momentos disfrutas de ello; paseas con tranquilidad, alerta, pero con tranquilidad. Pasa el tiempo, y la distancia del refugio empieza a desgarrar tu interior. "¿No me estaré alejando demasiado?", piensas, pero no te importa, hay motivos en la mañana para hacerlo. Valiente decisión, oyes a través del viento fluir. Y el mismo viento que aplaude tu decisión, que te arropa con una falsa brisa templada, te acorrala en un círculo borrascoso de repente.

Sólo necesitas alzar tu cabeza al cielo para observar cómo un circulo de nubes ennegrecidas amenaza directamente tu presencia. Sabías que podía ocurrir, y aunque no te arrepientes, intuyes que es inútil existir en mitad de una tormenta. No puedes evitar que ella - la tormenta - te embosque con la misma facilidad que tu emboscas, y la única opción es correr a tu refugio, a tu madriguera. Y te quedas parado, mirando hacia atrás, cada vez con más convencimiento, esperando quizá un desenlace; al fin y al cabo no dejas de ser un mero espectador.

Día y noche, luna y tormenta, brisa y furia, blanco y negro. Aúllas en silencio una vez llegas de nuevo a tu hogar, del que reniegas muchas veces, y te proteges otras tantas. Pasarán los nubarrones, soplarán las brisas, brillará la luna, y ahí siempre la tendrás, tras de ti, esperándote con los brazos abiertos cuando tu valentía te hace dudar, tu pequeña y conocida madriguera; no eres un zorro solitario, eres un zorro, simplemente.

14 febrero 2008

El Reflejo (axl rose08)



De nuevo el amigo axl rose08 nos quiere obsequiar con un relato, angustioso; para pensar. Realmente da gusto leer a esta persona, y la versatilidad que tiene para hablarte de una parodia en tono de humor y el relato siguiente algo tan dramático, serio y reflexivo como éste. Espero que os guste; a mí, me ha encantado, y es la razón por la que le pedí permiso para publicarlo en el blog.

El Reflejo

Se miró al espejo y nada vio. Allí no había nada, su reflejo no existía sobre aquel marco reflectante de cristal. Se miraba, se tocaba, un pellizco en su rostro para comprobar si realmente eso era un sueño... y efectivamente, no lo era. Él existía, podía verse su cuerpo, pero no podía verse reflejado en el espejo, no sabía cómo era su rostro.

Aquella mañana se levantó pronto. Era un frío sábado y la noche anterior había ingerido bastante alcohol. Le dolía la cabeza, pero no estaba borracho. Sus venas sufrían las consecuencias de esas noches de diversión, le dolían las piernas, se notaba fatigado y su rostro, no podía verlo. Fue corriendo al lavabo, lo llenó de agua y trató de reflejarse en ella, pero su rostro no estaba allí, había desaparecido. Él estaba allí, se sentía vivo, ¡pero su rostro no existía!

Deprisa fue a su habitación, se vistió con un pantalón de chándal y una sudadera vieja y salió a la calle. La gente lo observaba extrañado, una mezcla entre miedo y curiosidad tenían las miradas de los individuos que en él se posaban, no podía sorportarlo más, ¡¡debía recobrar su rostro!! Comenzó a correr más y más deprisa, gritando al cielo por qué a él, por qué le había pasado eso a él... la gente lo miraba sorprendido. "¿Qué le pasa a ese hombre?" preguntaba un niño a su madre. Ésta, le agarraba del brazo y huía hacia la otra acera.

El hombre, ante la desesperación y la incomprensión, comenzó a dar patadas a las paredes, a los coches, y a darse golpes en la cara; "¡Por qué! ¡Por qué! ¡Quiero recuperar mi rostro!". Sacó su dosis diaria y sus venas se lo agradecieron, se calmó y volvió a casa. Se dirigió hacia el baño, se lavó la cara... "hasta mañana" le dijo a su rostro, y se tumbó en la cama esperando a que un nuevo día amaneciese.

13 febrero 2008

Impaciencia




No soy mucho de poesías, aunque de vez en cuando - si el cuerpo así lo solicita - escribo algunos versos sueltos. Cuando llevo varios salen experimentos como éste. Espero os guste. Y por cierto, es mía; no me gusta copiar textos que no sean míos, mucho menos poesías.

Impaciencia

Bebo del grifo de tu esencia,
ansiando el poder acariciarte
con arrebato de pasión incesante,
bajo el encanto de una mirada. Impaciencia.

La letanía de tu pupila transmite un olvido
que aflora en mi como incierto futuro,
arrancando del alma negra un conjuro
del que sé soy objetivo redimido.

Tú suspiras... ¡y yo me derrito en mi corteza
de pasionario inconsciente!
Un sobre sin remitente
que golpea mi deseo, con sangre y sin cabeza.

Suena lejano el eco de tu voz,
enrredada bajo oscuro manto.
Dueña de distancia y llanto
que corrompes espada con golpe atroz.

¡Impaciencia, alma mía!
Nacimiento de un palpitar
sensible, que con tan sólo tu piel soñar
de mis venas un suspiro expira.

11 febrero 2008

La jungla de la sonrisa velada y los guisantes




Generalmente viajamos en el Metro, de Madrid, de Barcelona, incluso en el Honolulú (discúlpenme si dicha ciudad no posee tan preciado transporte), de manera mecánica. Sabemos dónde empezar, qué transbordos tomar, y a qué destino llegar. Hay casos aislados - generalmente inducidos por efectos narcóticos o depresivos -, en los que el viajero simplemente se queda dormido o meditabundo, esperando a nada, y sin pensar en otra cosa que no sea en su penoso estado mental y físico. Los demás, a veces envidiamos a estos seres humanos perdidos en otros asuntos de gran importancia.

Es curioso observar a la gente. No todo el mundo piensa igual, pero sí actúa igual; con frialdad, dispar educación, silencio, y miradas perdidas. En algún caso extraordinario, un niño te sonríe desde su asiento de enfrente; le resulta divertido verte, con tu cara de guisante, inmerso en una lectura. Y le provocas gracia; miras por encima del libro, y lees la jugada en sus ojos; y no puedes evitar sonreír, mientras piensas "a todo cerdo le llega su San Martín". Lo mejor es cuando compartes el viaje en metro con algún conocido o amigo; haces lo posible por hablar con él, por evitar la monotonía disfrazada de túnel. Incluso descubres cosas nuevas, rumores jamás antes escuchados, chascarrillos de un humor más o menos generoso, temores y virtudes, etcétera. Pero lo normal es contemplar a decenas de viajeros - como tú - con caras de hortalizas - como tú -, aburridos - como tú -, y con ganas de dejar de compartir su intimidad y sus pensamientos - como tú.

Esta mañana ha sido curioso. El metro abarrotado obligaba a la lectura sí o sí. O eso o quedarte prendado del basto cogote de un tipo trajeado y con exceso de perfume. La lectura se hacía cansada; un párrafo largo, demasiado metafísico y profundo para leer de ese modo. Levanto mi cabeza, esquivo el dichoso cogote, y observo a unos tres metros de distancia a una chica que está ¡¡riéndose!! No llevaba libro, walkman, ipod, ni ningún instrumento incitador de tan maravillosa reacción; simplemente iba con la mirada perdida, y de vez en cuando echaba su cabeza hacia atrás. Reía, y a veces daba la impresión que se contenía una carcajada. La gente de su alrededor había comenzado a formar un círculo de distancia respecto a ella; escépticos y temerosos, preferían apartarse; a ver si les daba a ellos también por reír...

Me ha parecido algo tan sano y espontáneo, que no he podido evitar sonreír, y levantar un poco mi cara de guisante. Me ha resultado graciosa la escena, más por los tomates y zanahorias de su alrededor que por la chica en cuestión. Y cuando he mirado a mis colegas más cercanos de apretujones, el tipo del cogote se estaba apartando, y los demás vecinos empezaban a hacerme corrillo. Y me surge de pronto una reflexión, "¿si nos ponemos todos a reír de esa manera, habrá sitio en el metro para los corrillos que se formarían?"

08 febrero 2008

El jodido hombre manzana (axl rose08)




Este texto que pongo a continuación es de un amigo de un foro de Internet, de esos que frecuento de manera furtiva. Desde el primer momento me enamoró, el texto, y pedí su consentimiento al autor para colgarlo en el blog. Me encanta el surrealismo que desprende, y desde la sencillez hace transmitir un sentimiento con el que justamente hoy me identifico. Gracias axl rose08 - el nick del autor de este texto - por permitirme el honor de publicarlo. os dejo con el texto:

Esto era un hombre a una manzana pegado. La manzana era su cabeza, lo pegado era su cuerpo, lo jodido era todo él; era un jodido hombre manzana.

Era muy feo, tan feo que cuando nació el médico dijo "señora, si no llora en 10 segundos, es un tumor". Su madre lo echó de casa a los dos días de edad, no le aguantaba; ¡era muy feo! Al pobre hombre manzana a menudo le llamaban Willy, y no por acortar su nombre - ya que nadie la llamaba -, sino porque era una putada ser un jodido hombre manzana.

Se peinaba la raya a un lado, a veces hacia arriba, pero siempre con estilo. De vez en cuando se ponía corbata, negros zapatos y camisa de seda. Otras veces pajarita con preciosos naúticos marrones. ¡Vaya pintas llevaba el gilipollas, fuese como fuese vestido iba haciendo el ridículo! Tenía cara de pan duro y piernas de cartón. Era más feo que un culo mirado de lado, y más raro que el día del grifo. Cuando comía sopa era feliz, aunque según él seguía siendo Willy. Veía la tele de pie porque no podía sentarse, dado que sus rodillas de cartón no podían aguantar la tensión de vivir dobladas. En fin, era todo un personaje animado este Willy.

Normalmente se casca pajas haciendo memoria, ya que es de efectos retardados. Puede divisar una situación y reaccionar días después. Dicen que es un poco lerdo pero él insiste que no, que es sólo un simple humano con una manzana por cabeza, que pretende ser feliz. Su psicólogo le insistía que no podía ser feliz, que él había nacido siendo el hombre manzana y moriría siendo el hombre manzana.

Willy necesitaba una novia, alguien que le hiciese ver lo bonito que es el amor, alguien que le comprendiese; o simplemente alguien, ya que nunca había visto a nadie desde los tres años de edad. Él cree que la gente se escondía cuando caminaba por las calles. Quizá es porque olía a colonia barata y siempre caminaba con un botellín de cerveza en la mano. Willy era un jodido borracho; varias veces tuvo problemas con la justicia. Mismamente al nacer, intentaron encarcelarlo para que nadie sufriese sus efectos secundarios (picor de ojos, nauseas y vómitos) pero no pudieron hacer nada para retenerlo. Willy huye de la justicia, o al menos eso cree él. La verdad es que la justicia huye de él. La justicia es una lechuga que conoció cuando sólo contaba con cinco años. Se enamoró de ella en una convención de fruta y desde entonces vive por y para ella. Se acuesta y se levanta pensando en ella... ¡qué pena que solo sea una lechuga!

05 febrero 2008

Vidas en Sueño - 5 (Juegos en la rutina)





La lluvia golpeaba con violencia los cristales, que en varias piezas conformaban un enorme ventanal desde donde se podía ver una buena perspectiva de la ciudad, que de noche siempre cobraba una magia implícita. Allí estaba yo, mezclada entre miles de gotas de agua y frío, flotando de azotea a azotea, encendiendo y apagando farolas aleatoriamente. Me sentía desenvuelta y liberada, pero mi conciencia - paupérrima compañera de fantasías inmapropiadas - , me trajó de vuelta a la reunión de trabajo. Un gorrión atrapado en aquella jaula de cristal y mesa enorme de una madera parecida a la caoba.

Dos de mis jefes estaban junto al proyector explicando a otros tres tipos y una mujer las ventajas que suponían para ellos la implementación del nuevo software "Conclusor 1.0". El nombre de la aplicación fue lo único en lo que no intervine. El resto, análisis de la aplicación, coordinación del equipo de programación, bofetadas con compañeros trepas y viciosos lameculos de jefes, horas y horas extraordinarias, y una bajada de mi nivel de autorealización personal, lo puse yo. Era la encargada de que todo ello funcionara, y de momento las quejas brillaban por su ausencia. Ahora tocaba vender el producto, y que los jefes se llevaran todos los méritos. Ambos - mis jefes - se caracterizaban por tener una calva de pura vejez y ojos pequeños y cerrados, inexpresivos. Hacían en combinación gestos, juegos de palabras, amagos de chistes afectuosos, y un sinfín de tretas comerciales para encandilar a los clientes. No pude evitar aguantarme la risa, comparando a mis queridos jefes, moviéndose así, con tan falso entusiasmo, con un par de monos de circo, ataviados con rocambolescos chalecos rojos y gorrito a juego.

Los clientes asistían al esperpéntico espectáculo con una sonrisa torcida, mitad afabilidad, mitad burla. La mujer de vez en cuando se llevaba la mano al reloj y suspiraba derrotada mirando al cristal, como si aquella función de payasos no fuera con ella. Los otros tres individuos lucían trajes "negro corporativo", rostro hierático y apuntaban cronometradamente algunas notas en sus portafolios, en un amago de interés. Pude notar que desde hacía media hora dejaron de prestar atención a la charla comercial, y que si seguían en sus sitios, callados y serios, era por respeto a mis jefes; de mi existencia nadie quiso enterarse, y hasta lo agradecí. Me sentía ajena a todo aquello, como si me hubieran escogido al azar entre una multitud, a pesar de que nadie de la reunión conocía mejor que yo la aplicación. Bostecé en mi interior, y decidí no intervenir; mis jefes ya hacían de sobra el ridículo. Y se sentían tan cómodos con su espectáculo que no querían más protagonistas en la obra teatral.

De nuevo miré a través del ventanal y pensé qué estaría haciendo una soñadora en mi lugar; "seguramente disfrutando de la vida, no desperdiciando aquellos preciados minutos sentada en mitad de un grupo de asociales, aburridos y estúpidos". Y esta vez vino a mi recuerdo tu curioso "juego", aquella pequeña distracción que propusiste, y que acepté sin reparos, sabiendo que me iba a divertir y agradar. No sé cuánto tiempo pasó mientras recordaba las reglas del juego, los tiempos que tenía que emplear al mismo, las posibles tácticas para salir vencedora,... , pero cuando giré mi cabeza a un nuevo ejercicio de concentración uno de mis jefes miraba con fanatismo mi cuaderno de notas, en blanco, mientras el otro, apoyado con descaro en la mesa, conversaba con los clientes, desviando furtivamente su mirada de cuervo al discreto escote de la mujer, que no parecía sentirse insultada. Otro ejercicio de repugnancia y asco como para odiar otro poquito más a los jefes incompetentes disfrazados de fantoches charlatanes.

Al cabo de unos instantes, dejando de lado filtreos y miradas fanáticas, ambos jefes retomaron la agresividad mercantil, y se lanzaron a otro desesperado ataque, ante unos clientes que ya bostezaban y mostraban su aburrimiento de forma muy visible. Y yo, atrapada en la jaula de cristal y palabras, decidí fugarme; decidí salir a la calle y pasear mientras me calaba de aquella llovizna; decidí volar como la luz en el crepúsculo al colarse en mi habitación; decidí pensar en tu juego. Con discrección recogi el cuaderno, el bolígrafo y me levanté de la silla, sin hacer demasiado ruido.

- Señorita Jiménez, ¿dónde va? - preguntó uno de los jefes, seguramente el más feo, o el más tonto, o ambas cosas, mientras acompañaba con sus ojos pequeños y huraños mi leve retirada.
- Aquí no pinto nada señores, debo atender otros asuntos más importantes - repliqué sin mayor interés.

Escuché cómo me replicaban en un tono más agresivo desde la sala de reuniones, pero yo ya estaba fuera de la misma, y me encaminaba al ascensor. Me quedé con la imagen de los asistentes; los jefes, revoloteando desconcertados, los clientes, envidiosos de mi forma resolutiva de afrontar la basura dialéctica. Llegué al ascensor, lo llamé, y me monté en él. Una vez dentro, y apoyada contra la pared del artilugio, resoplé, me atusé el pelo, y esperé con ansias a que se abrieran las puertas en el piso de abajo, para desplegar las alas, y volar.

30 enero 2008

La biblioteca de la Madriguera




Si no era suficiente con un blog, ¡pues ahora me lanzo a por el segundo! El motivo de este correo es anunciaros a los seguidores de la Madriguera que he abierto un nuevo espacio de blog, pero esta vez con una temática centrada; no como esto, que parece una revista de definición imposible, mensual y poco localizada.

El nuevo blog se llama La Madriguera de los Lectores, y es un guiño a la lectura. En él iré comentando aquellos libros que me fui leyendo y que, de un modo u otro me aportaron algo. Y quiero compartirlo con la gente que quiera, y a su vez tenerlo yo como recuerdo, porque cada libro, cada hoja leída, es una experiencia marcada a un recuerdo, con o sin música de fondo. Espero que os guste, y que no dejéis de lado la Madriguera del Zorro, que seguimos dándolo todo señores.

La dirección de la Madriguera de Lectores es: http://madriguera-lectores.blogspot.com


Un saludo a todos

29 enero 2008

Dardos: Go to Benidorm!




Por tercer año consecutivo 3/4 de lo Quinto, un equipo de dardos que nació desde la amistad de un grupo de amigos, con el único propósito de divertirse, y posteriormente el de no dejar una cena sin acabar, consiguió clasificarse para el Campeonato Nacional de Dardos Electrónicos de 501, que se celebrará este año en Benidorm.


Ése es el titular de este posteo. Y es que me siento muy feliz, muy contento, y sobre todo muy orgulloso por mis compañeros y su gran esfuerzo en alcanzar la fase final. Si hubiera tenido que ser por mi moral ahora mismo estaríamos peleando por no haber quedado los últimos; sin embargo ellos siempre creyeron en esto, y uno aunque mantenía la ilusión, lo veía francamente imposible. Era un grupo duro, áspero, peleón, incluso irritante; equipos con jugadores que mínimo daban una diana por ronda en el mejor de los casos, partidas de medias de 25 para arriba como algo casi normalizado. Y entre tanta vorágine de cracks y frikis darderos, nosotros peleándonos contra todos, ganando unas veces, cayendo estrepitosamente las otras. Pero sin dejar de apretar los dientes, y con la veteranía que da el saber afrontar con orgullo las derrotas y con sencillez las victorias.


La temporada ha sido irregular y variopinta para cada uno de los componentes del equipo. Y más o menos nuestra línea de actuación fue la siguiente, uno a uno:


- Álvaro se quedó sin el top gun, pero sigue demostrando partida a partida lo determinante que es, y que sin él hubiera sido mucho más difícil llegar ahí arriba; habrá que ir pensando acerca de su renovación. Y poco más que añadir sobre este gran jugador y mejor persona; siempre intentando superarse así mismo, nunca tiene una mala palabra para nadie del equipo, aunque le hagamos Frozen como si no hubiera mañana. Se ha ganado merecidamente la reputación en el barrio que tiene.


- Luis Alejandro no ha tenido una racha continua, regular; tenía noches de calidad y deslumbre, y otras de inseguridad y bajas puntuaciones. Aún así, su manera de complementarse con cada una de sus parejas ha sido vital en muchas partidas. Nunca daba una partida por perdida, y apretaba los dientes hasta el final; eso ha logrado muchas veces sacar petróleo. Su constancia, aunque se le dé mal una ronsa, es su mejor baza.


- Miguel David ha experimentado un ligero bajón n su juego, pero eso es algo que a nadie del equipo preocupa, porque fases así pasamos todos alguna vez, y este zurdo de disparo seco y duro volverá por la senda de las grandes partidas que siempre le ha caracterizado; pero incluso en partidas malas ha tenido destellos de gran calidad, como ayer en la primera partida, en la que se emparejó con confianza con Álvaro, y que perdieron por ser mejor el rival. Junto con Alberto sus ánimos en los momentos difíciles han ayudado en muchas partidas.


- Alberto ha dado claros síntomas que empieza a volver a ser aquel muchacho complicado de ganar, que en el pasado tanto nos daba por saco en aquellas pachangas; ha subido media y ha castigado en muchísimas partidas, con un trabajo de bajada de puntos increíble, con partidas muy profesionales, y sobre todo con un componente anímico y moral dentro del equipo elogiable. Y creo que aquí no termina el crecimiento; queda mucho Alberto por redescubrir.


- Y en cuanto a mí, pues más de lo mismo de años anteriores. El eterno segundón de 301/501 del equipo, tras el gran Álvaro, con mi 20 de media de toda la vida, sin hacer demasiado ruido. Este año ha sido muy irregular para mí, haciendo partidas realmente buenas y cayendo en medias ridículas partidas después. Días en los que la diana es muy castigada y otros en los que apenas le doy, y tengo que ir al 19 como si no hubiera mañana. En mi deseo renovado sigo con la esperanza de algún día plantar cara a Álvaro y poder subir un peldaño en la evolución dardística.



¿Nota para todos? Pues la única que se merecen mis compañeros, un 10; un 10 por profesionales, por buenos compañeros, por mantener siempre la ilusión, por las ganas, por apretar el culo cuando hacía falta, por los ánimos y las cargas de moral, por los buenos y malos momentos, ¡¡y porque nos vamos a Benidorm!!


Y como siempre, un 10 para la afición incondicional de 3/4 de lo Quinto, que nunca se han perdido ninguna de nuestras partidas. Siempre ahí con nosotros, aplaudiendo cuando hacía falta, animando cuando alguno caía en enfados, comentando la jugada, mostrando cercanía, hacernos ver que nunca hemos estado solos. Ellos también han tenido mucho que decir - de nuevo, cómo no - en el éxito del equipo. Mi mayor aplauso y admiración por su cariño y dedicación. Incluso Hugo, el factor gafe del equipo, al menos para mí.


Gracias a todos, y como siempre he dicho, tanto para bien como para mal, antes que equipo, somos una panda de colegas; que nunca se nos olvide. Se os quiere.

28 enero 2008

Vidas en Sueño - 4 (Pasión de Chocolate)





El bullicio de gente, que atropelladamente se movía, en un carrusel de impulsos y precipitaciones, de un escaparate a otro, causó en Ángela sensación de agotamiento. Unido al estrés, decidió darse una tregua en el maligno mundo de las rebajas, y se dirigió a una cafetería, que a pesar de estar frecuentada, una podía pasar sin apretujones; incluso intuyó que era el único sitio posible para realizar una conversación sin tener que alzar la voz demasiado.

Dejó en una silla las bolsas de las diversas tiendas donde gastó su dinero, y se sentó en otra silla, justo enfrente de las bolsas, planteando un enfrentamiento ficticio, retando con la conciencia su manera caótica de comprar, y el poco ahorro que del dinero hacía. "Total, las rebajas no son todos los días", se atrevieron a susurrar las bolsas de plástico; Ángela las fulminó con la mirada, y girando el cuello dio por terminado el debate.

Al cabo de uno minutos un camarero se aproximó hasta su mesa. Era un chico joven, sudoroso y ligeramente tímido, aunque por su expresión facial era de esas personas que inspiraban confianza. Éste, siendo objeto de la mirada neutral de Ángela, se llevó la mano al pelo y lo echó hacia atrás. Después dejó entrever una sonrisa incómoda y esperó el pedido de su clienta.

- Me gustaría tomar un Ballantines con Sprite por favor - dijo con la mirada relajada hacia un punto indefinido del local
- Lo siento señorita, pero no servimos bebidas alcohólicas - contestó con un ligero temblor en la voz, como temiendo una bronca de un momento a otro.
- Pues menuda cafetería - resopló paciente -. Está bien, ¿y qué me aconsejas?
- Pues puede tomar café de cualquier tipo
- Saltémonos la lista de cafés. Otras sugerencias.
- Puede tomar un helado, son todos caseros.
- Creo que optaré por esa opción, me has convencido - y le guiñó un ojo cómplice -. Tráeme el que más te guste.
- A mí me gustan todos - se revolvió nervioso el muchacho, tembloroso, incómodo.
- Pues entonces tráeme el más caro.
- Está bien, le traeré el Banana Split.
- No tengo tanta hambre - se anticipó a la huida precipitada del camarero con el pedido -, mejor que sea el segundo más caro.
- Ok, "Pasión de chocolate", ¿se lo traigo? - dijo mientras jugueteaba con el bolígrafo y la libreta
- Sí, me gusta el nombre. Trae ése.

Mientras el helado llegaba, Ángela se atusó el pelo y se lo acarició por las puntas. Poco a poco la presión de las masas iba desapareciendo de su cabeza, y notaba sus músculos relajarse poco a poco. Estaba cómoda en aquel sitio, rodeado de humo y con voces y pisadas de fondo. Había logrado aislarse en un microuniverso de calma y de nada. Vio llegar al muchacho con el helado; a pesar de su nerviosismo, manejaba con pericia la bandeja, esquivando a niños-cohete, contorneándose a la hora de pasar por un sitio estrecho, y sin perder el pulso firma de su mano izquierda. Una vez llegado hasta la mesa, y con una sonrisa bastante calmada, dejó el helado en la mesa. "Que lo disfrute, y no deje que se enfríe el chocolate líquido", dejó escapar entre sus labios, en un evidente protocolo, y se dirigió a una mesa lejana a recoger otro pedido.

Una vez se fue, ella cogió la cuchara e hinco la misma en aquella masa enorme de helado de chocolate con una capa de chocolate líquido por encima. Inspeccionó con la vista el trozo, y se lo llevó a la boca. De pronto sus ojos se abrieron en una señal de alerta; ¡quemaba aquel chocolate líquido! Abrasó con delicadeza su paladar y su lengua, y los hizo más sensibles cuando la fría crema helada se mezcló, en una explosión de contrastes. Eran tan dulce aquel bocado, tan tierno, que al derretirse el helado en su boca notó una calidez en la misma, que relajó de improviso su mandíbula. Y el paso de la boca al esófago de aquella crema mezclada fue tan excitante que el corazón comenzó a bombear con fuerza; tanto que su mirada se perdió en un pasado risueño y alegre. Sus fosas nasales se dilataron, sus orejas se encendieron, y noto un creciente calor por el pecho, excitante, poderoso, maravilloso.

Miró aquel plato, e hinco la cuchara, relamiéndose como un niño hambriento al llegar de la escuela. Y de nuevo aquella experiencia se repitió. Se paró el tiempo, y no era capaz de distinguir el bullicio de sus propios suspiros encendidos. Se llevó la mano al pecho, para comprobar los látidos compulsivos de su corazón. "Qué me está pasando", dijo fascinada. Degustó con suma calma aquel nuevo bocado dulce, convirtiendo cada movimiento de la mandíbula en un paso de vals. Y otra, y otra cucharada, y el calor iba subiendo, y el calor-frío que aplicaba aquel helado acentuaba la sensación de relax. Desfogada en la causa, miró con pasión cada uno de los trozos que se llevaba a la boca. Sus labios, disfrazados de rojo carmín se apretaban con impaciencia cuando la cuchara estaba fuera de su boca, y se humedecían y dilataban cuando rozaban el metal de la cuchara y su contenido.

Aquella experiencia de placer escondido terminó con la última cucharada, pero sus papilas gustativas se habían aprendido de memoria aquel sabor, y aún habiendo terminado el helado, estos remitían aquel calor, aquel frío, aquella explosión, aquellos sentimientos encendidos.

Satisfecha consigo misma y con la magia del momento, sacó de su bolso un cigarro y se lo encendió como si fuera lo último que iba a hacer antes de caer desplomada al suelo del local. Dio una calada intensa, expulsando en un filo hilo el humo aspirado. Se recostó en la silla, y poco a poco fue notando cómo el riego sanguíneo volvía a la calma, cómo el zumbido en sus oídos menguaba, y cómo aquella esencia que la atrapó la iba liberando. Sin embargo en su rostro quedó impresa una sonrisa complacida. Una vez terminado el cigarrillo, llamó al camarero y le pagó, dejando una propina generosa.

Y con el vello erizado, las piernas relajadas, la frente alta, recogió las bolsas con energía y avanzó hacia el parking. Aún podía recordar aquella textura, aquellos contrastes, aquella pasión de chocolate.

14 enero 2008

Vidas en Sueño - 3 (Sueño de Luna)




Aroma de pólvora quemada fue lo primero que percibieron mis sentidos cuando salí a la calle a contemplar la madrugada del nuevo año. Decenas de petardos, cohetes, y alguna que otra bocina de aire a presión rellenaban la noche transitoria del 31 de diciembre al 1 de enero; noche despejada, de luna redonda y brillo plateado suave, aderezada con un mosaico de estrellas. A pesar de no haber movimiento de aire alguno podía sentir como la noche me abrazaba en secreto, con un suave balanceo, invitándome a fundirme con el enigma del universo a cambio de una simple contemplación del infinito.

Siempre fui un tipo solitario, asocial por convicción, amante de los anti-protocolos, despistado y caótico. No esperaba nada del mundo, no entendía el significado de la palabra cariño, y ni mucho menos esperaba alguien que me comprendiese. Disfrutaba de la noche como si fuera la primera vez, y no concebía la generosidad de compartir una noche. Sólo la Luna y yo, yo y la Luna; la plata y el acero, el acero y la plata. Era una coalición de mentalidad afrodisíaca. El resto sobraba.

Aún sentía en mi garganta las doce uvas ingeridas con celeridad, como un bloque de cemento que se resistía a ser pulverizado a gravilla. Curiosa tradición, la de empacharse en menos de 15 segundos con un racimo de 12 uvas. Siempre previsor, antes de las campanadas mi ración de uvas estaba escrupulosamente preparada, sin pepitas y sin pellejo; pero de comer lento y taimado, aquel momento estresante ponía a prueba mi sentido del humor muchas veces. Luego un brindis con sidra; varios brindis y muchos besos y abrazos opacos. Algún que otro matasuegras taladrando mi oído, y el incordio del programa televisivo post Campanadas, con el siempre incombustible Raphael y su piel al máximo estirada. Fue en ese momento cuando decidí salir a la calle, y felicitar a quién siempre ha estado junto a mí en la más profunda austeridad, y a su vez majestuosidad: felicitar a la noche y a la luna.

Faltaba una amiga, pero estaba lejos, reventando contra la fina arena experiencias de mil barcos, devolviendo a la tierra lo que el infinito desea compartir con nosotros, coleccionando pisadas temporales que por algo nacieron. Mi amiga no me necesita, pero me comprende, y yo sin embargo me quedo pasmado delante suya, dejando pasar horas. La mar, verde, azul, negra, gris, y esta noche de luna generosa, plateada, me dedicó en secreto su mejor aroma de sal y brisa marina; o eso al menos quise creer yo cuando hasta mí llegó lo que parecía su abrazo.

La gente pasaba frente a mí, abrazándose, besándose, mirándome con curiosidad y alegría de alcohol, y yo, con mi mirada proyectada a la oscura bóveda, viajaba con billete de ida y vuelta, como otras tantas noches, al brillo plateado, y me bañaba en él. Esos primeros minutos, como todos los años anteriores, los quería disfrutar con la noche, con la magia que muchos sabios aún no han logrado descifrar del todo. Aquel embrujo me arrancó una sonrisa torcida, angustiada y a la vez alegre; agridulce combinación de sentimientos estrellándose contra la estratosfera. El frío y un leve toque en mi hombro - de una persona anónima - me sacó del trance, y la luna prometió, como cada año, plata y solemnidad.

- Ha quedado muy buena noche - dijo aquella muchacha, que se había apartado del grupo de amigos con el que iba
- Sí, la verdad es que no nos podemos quejar - contesté con desgana.
- Por cierto, ¿tienes fuego? - preguntó al ver mi cigarrillo en la mano izquierda.

Saqué del bolsillo del abrigo un mechero, y extendiendo el brazo se lo ofrecí. Ella, con el cigarrillo en la boca lo aceptó con una sonrisa sincera y tras varios intentos logró hacer brasa con el cilindro cancerígeno. Dio una calada corta, expulsó el humo hacia un lado, y encontré su mirada; abierta, sincera, penetrante. Cinco segundos que pasaron como una eternidad; silencio forzado entre actos que nos supo cómodos, como si aquello fuera lógico. La observé con detenimiento, como el que se encuentra con el misterio, y poco a poco noté cierta inquietud interna; ojos brillantes y abiertos, melena morena suelta y generosa, tez ligeramente aceitunada, labios carnosos, nariz redondeada, vestido negro que se ajustaba perfectamente a sus piernas esbeltas, las cuales terminaban en unos tacones negros, brillantes y preciosos. Y escuchaba cómo alguien picaba granito en la cantera.

Luego di una calada a mi cigarro, manteniendo la mirada y una falsa calma, y ella rompió el silencio, devolviéndome el mechero.

- No me he presentado. Me llamo Alicia, no soy de este barrio, y también soy amante de la noche; como tú.
- ¿Bohemia?
- Simplemente lunera - y de su rostro moreno brotó una sonrisa amplia
- Yo me llamo Julio, soy de este barrio, odio a Raphael, echo de menos el mar, y además de la luna he encontrado un brillo mágico que no puedo dejar de mirar con gran interés.
- ¿Te refieres a mí?
- Tus amigos se empiezan a ir - dije, señalando hacia el grupo, que seguía con gran alborozo lanzando confetis. De repente, por un instante, me arrepentí de aquella respuesta.
- ¿No quieres contestarme? - dijo Alicia, clavando su mirada en mí, esperando alguna reacción, una timida sonrisa, un pestañeo.

No contesté, me quedé paralizado ante aquella pregunta, sabiendo que mi silencio confirmaba su teoría. Un sudor frío asomó por mi frente, cayendo por la misma en un filo hilo delatador. Aquella muchacha sonrió, y sacando un pañuelo del bolso, con una ternura que me erizó el vello, secó el sudor de mi frente. Podía sentir el vaho de su aliento, podía sentir su perfume, podía sentir el sabor de sus labios; podía sentir como mis principios estaban derrumbándose cuando la agarré del brazo, y la sentí estremecerse. Sus pupilas se dilataron, y las mías debían estar en ebullición. Otros diez segundos parados, en silencio, respirando entrecortadamente. Me acerqué a sus labios, carnosos y sabrosos, totalmente a la deriva de mis certidumbres; ella también se acercó. Dos rostros con unos pocos milímetros de separación; podía sentir perfectamente su respiración, nerviosa y agitada. Se me volvió a erizar el vello y se me tensaron todos los músculos del cuerpo cuando mis labios se fundieron con los suyos, en un baile de pasión y suspiros encendidos.

De pronto nos separamos, sin soltarnos del brazo. Cruce de miradas con aroma de sorpresa, batalla de sonrojos, y de nuevo otro beso. Se cayeron los cigarrillos al suelo cuando la agarré por la cintura y ella entrelazó sus brazos por mi nuca. No sé el tiempo que estuvimos besándonos, pero cuando terminamos aquel segundo beso, sus amigos se habían ido.

- Ven, vamos a bailar. Me apetece mucho - dijo Alicia con el rostro totalmente iluminado
- No sé bailar.
- Está bien, yo te enseño a bailar y tú me enseñas a contemplar la luna con el mismo cariño y pasión conque lo hacías antes - contestó con un guiño cómplice de su ojo.

Asentí, sorprendido conmigo mismo. "Besando a una chica, yendo a bailar, compartiendo la Luna; ¿en qué me estoy convirtiendo?", pensé para mis adentros, con cierto desasosiego, sin dejar de coger su mano derecha. Y como un eco, como un susurro extendido por una ligera brisa marina, hasta mis oídos llegó el canto de la Luna:

"En un soñador, te estás convirtiendo en un soñador"